Ser optimista no tiene por que significar se un ingenuo tal como algunos quieren dar a entender. Una persona optimista es aquella que, aunque ve el muro que tiene delante en un momento determinado, en lugar de dejarse detener por él se alegra de que exista una ventana, una puerta o, quizás, un final para el mismo que permita rodearlo y continuar el camino.

Todos tenemos que enfrentarnos a problemas y a situaciones complicadas a lo largo de la vida, pero podemos hacerlo enfocándolas de maneras muy diferentes.

Podemos ser derrotistas. En este caso, el muro, aunque solo mida medio metro de alto y un metro de largo nos derrumbará. Nos parecerá un obstáculo totalmente insuperable y acabaremos siendo prisioneros de nuestros propios miedos. Acabaremos como aquel que está en una jaula pintada en el suelo y que no es capaz de dar un paso para superar la línea de tiza que, en realidad, no impide nada. Pero que funciona para esa persona como si fuera la más alta y gruesa de las paredes.

El optimista crónico, aquel que no es capaz de ver los obstáculos, se estará siempre estrellando contra el muro que tiene delante porque no mirará a los lados, ni si existe una puerta. Solo se lanzará una y otra vez contra la pared confiando en que la próxima vez esta pared ya no esté allí, incluso si no hay ninguna razón para poder confiar en semejante argumento.

El optimista inteligente buscará la manera de sortear el muro, incluso de echarlo abajo si es necesario, confiando en sus posibilidades de derribar el obstáculo pero sin dejar de ver que está delante y ser totalmente consciente de su tamaño y dificultad.

Luis Galindo puede enseñarte sobre el optimismo inteligente ya que el lleva mucho tiempo impartiendo conferencias sobre este tema. Se ha convertido en toda una referencia en este terreno, siendo capaz de enseñar a aquellos que lo escuchan, a modificar su modo de pensar para orientarlo hacia el optimismo inteligente, una manera de enfrentar los problemas realista y llena de confianza en uno mismo.

Las experiencias negativas no tienen por que ser totalmente negativas, al contrario, de ellas se pueden aprender muchas cosas que ayuden a avanzar en la vida y al desarrollo personal. Ser capaces de ver las cosas de esta manera y de aprender de todo es, en definitiva, la clave de la madurez.

 

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